12.8.06

LINA CAFFARELLO TIENE UN TALISMÁN

por Reynaldo García Blanco
- Director del Centro de Promoción Literaria José Soler Puig - 
 Santiago de Cuba

Me gustaría comenzar con unas palabras de Ezra Pound. Sí. El Ezra de los Cantos.
Esta cosa, que tiene un código pero no un corazón / ha colocado familiaridad donde podrían existir afectos / y ahora nada / perturba sus reflejos
.
Es un poema  titulado Objeto y lo traigo a colación pues acabo de leer con fruición  el poemario Alguien tiene un talismán, de Lina Caffarello, bajo el sello editorial Febra Editores.
En el sentido más estricto y reverente las palabras como objeto tienen un determinado peso específico. En manos del poeta está ese palpar, ese decir, ese catar para en el cuerpo del poema regalarnos el ardor o el desencanto mismo. Lina Caffarello ha cruzado con suma sutileza ese campo minado o terreno pedregoso y sortea con aciertos los obstáculos (im)previstos.
Tikasm (del árabe), Telesma (del griego) o simplemente Talismán se convierte en una clave primordial y necesaria que recorre con gusto estas páginas.
Entramos a esa suerte de entramado con una poética que, más allá de toda cualidad que tiene todo poema, asistimos al convencimiento de que siempre estamos ensayando el mismo texto. ¿Acaso no siempre ensayamos el acto de la vida?
La voz, como verdadero orfebre nos dicta que la piedra es pulida pues como dice aquel verso del siglo de oro el río que durando se destruye. Aquí el poema sale de la página , abandona la tipografía del papel y toma cuerpo, forma, materia y es grito, molde, cauce, cresta, remolino. 
La memoria recuerda la calesita y los sueños saltan al ruedo y se hace caballo y también se hace león.  Es la niña que salta y la infancia viene como un flash, cámara oscura y finalmente vértigo.
El discurso va ganando textura y los signos de puntuación se pierden para darnos la sucesión, el caos, ese ditirambo de existir y desde el fondo nos llega aquello de  la mar estaba serena le mer estebe serene. Desde la espesura del tiempo la mujer poeta escapa como Alicia por un espejo y el poema vuelve a tomar la forma menos sospechosa: De este lado / hay una estela blanquecina / y dos palabras ciegas que de un solo tajo / cortan corazas y plumones. 
Lina Caffarello ha venido dibujando el mapa de sus lecturas. Veladas intertextualidades nos recuerdan que la palabra se convierte en objeto en manos de un poeta.
La voz (mano de orfebre) dicta y conmina a la memoria. La perturbación mencionada por Ezra Pound dilata todo juicio a priori.

Lina Caffarello tiene un talismán y ahora lo muestra con el discreto encanto de la memoria y la soportable levedad de saber que a la manera de Roberto Juarroz: pensar y soñar no son divisibles. Y mucho menos cuando se lleva un talismán entre manos y corazón.


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